Zero

No midió las palabras ni sus consecuencias cuando le dijo: “vete”. Pero un “macho” de su especie no podía permitir que le tomaran el pelo y menos en su casa. Impotencia es lo que sintió al tercer día cuando se quedó sin ropa limpia  y fue incapaz de poner en marcha la lavadora. Decepción cuando no encontró esa corbata que tanto le gustaba y que seguro que ella sabría decirle dónde estaba. Rabia y frustración cuando la nevera y la despensa dejaron de guardar comida apetecible con la que nutrirse. Sin ella no era nada. Quizás ese mediodía la llamaría y le pediría que volviera, siempre había escuchado que todo el mundo merecía ser perdonado.

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El músico

De lunes a sábado de  10 a 13 horas estoy tocando en un tanatorio. Sí, no es el mejor trabajo del mundo, pero me pagan bien.

Empecé por no mirarles, me ponían triste. Si no les miraba les notaba molestos. Aprendí a mirarles a la cara, pero me transmitían su tristeza, hasta llegué a llorar a solas en el baño más de un vez.

En alguna ocasión tuve que beber entre sesión y sesión, para ignorar esa sombra triste que planeaba sobre nuestras cabezas durante los 20 minutos que duraba el acto de despedida. Era duro ver la muerte en forma de ataúd hora tras hora y día tras día.

Un día decidí cambiar la manera de ver mi trabajo.  Ahora, antes de empezar a tocar, creo mi mundo. Imagino fiestas, bodas, gente bailando y pasándolo bien. Aunque esté tocando la canción más triste del mundo, aunque ellos lloren a mares.

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